jueves, 3 de octubre de 2013

“Apuntes en torno al quehacer del Teatro Lírico Nacional de Cuba luego de 50 aniversario. Una nueva etapa”. Por Lena Rodríguez Duchesne


“Apuntes en torno al quehacer del Teatro Lírico Nacional de Cuba luego de 50 aniversario. Una nueva etapa”. Por Lena Rodríguez Duchesne
El teatro lirico nacional de Cuba el pasado 2012 celebró el año 50 de su fundación como organismo líder del arte lirico cubano. Su historia, al igual que la de casi todas las instituciones del país, ha pasado por grandes momentos de gloria y algunos otros de actividad casi imperceptible. Es por ello que, tras más de un cincuentenario de su creación, una mirada hacia su evolución (no siempre en sentido ascendente) se torna motivo de debate tanto para los que han seguido de cerca su decursar como para los que aún siguen descubriéndolo.
Todo cambio, y por tanto toda renovación o transformación, lleva implícito un alto grado de cuestionamiento por parte del propio personal que integra el centro, así como de un amplio circuito cultural y específicamente musical en nuestro país.
Hace aproximadamente un año, la dirección del TLNC se puso en manos del joven director de orquesta Eduardo Díaz Rodríguez, quien llevaba algunos años trabajando como Director de Orquesta del centro. De este hecho puntual deriva la gran pregunta: ¿cuáles son los efectos que ha traído consigo este cambio de dirección? ¿Y en qué medida estos han sido positivos o negativos? Como han dicho tantos pensadores en distintas épocas “la verdad es relativa y no la tiene nadie” de ahí que a los mortales nos toque la difícil tarea de no emitir juicios ligeros y valorar, en cambio, desde nuestra perspectiva -cualquiera que sea-el trabajo realizado y los resultados alcanzados tratando de ser lo más justos y realistas posible.
¿Desaciertos? ¿Equivocaciones? Seguro que las hay, tanto los directivos como todo el personal que hemos integrado la compañía (artística y no artística) los hemos tenido simplemente por nuestra condición de seres humanos. Aun así, el sentido de este escrito consiste en resaltar algunos aspectos conocidos por muchos y sacar a la luz otros todavía en proceso o que no han sido hasta hoy de dominio general.
Una compañía que cuenta con muy escasos recursos y donde la palabra “conseguir” se hace presente para cada una de las puestas en escena, que logre realizar la cantidad de funciones llevadas a cabo por el TLNC demuestra el alto nivel de personal ejecutivo y organizativo, amén de la labor artística, y ratifica una vez más la gran capacidad de trabajo, por lo cual merece un gran respeto.
Desde el punto de vista netamente artístico, destaca el hecho de que para la clausura del Festival de Teatro de La Habana (noviembre del 2013) se haya seleccionado la compañía del TLNC, ya que constituye una revitalización de este tipo de actividades conjuntas, pues no es la primera vez que sucede, pero la inserción del género lírico en estos escenarios poco experimentados no ha sido hasta hoy, una actividad frecuente.
Precisamente con el objetivo de mantener vivo este arte y tener al alcance los medios para lograrlo, se está formulando un proyecto de “Óperas de cámara”,el cual está avalado por sí solo con la incorporación al equipo de realización del TLNC de importantes directores de teatro que se han unido a esta apasionante idea de fusionar tantas artes juntas. Estamos hablando de directores/as como Antonia Fernández, Eduardo Eimil y nuestro más reciente Premio Nacional de Teatro (2013), de cuya presencia en la compañía nos sentimos orgullosos: Juan Rodolfo Amán.
Conocida por casi todos los cubanos aunque no tengan que ver directamente con el arte lírico, por una cuestión de mera identidad, resulta “Cecilia Valdés”, Zarzuela compuesta por Gonzalo Roig, basada en la obra literaria de Cirilo Villaverde a la que se añaden para formar la trilogía de zarzuelas cubanas más relevantes “María la O”, de Ernesto Lecuona y “Amalia Batista”, de Rodrigo Prats. Mencionar, por increíble que parezca para muchos, que las grabaciones (solamente en audio[1]) que existen de estas obras maestras representativas de la cultura cubana datan de 1990 e incluso anteriores a la fecha.
Este hecho, difícil de imaginar hoy en día, no ha pasado inadvertido para el equipo de trabajo del TLNC, pues dentro de las cuestiones que hasta ahora no han sido de dominio público (pero que están en proceso y existe gran parte del personal enfocado hacia este punto), se encuentra la grabación audiovisual de las tres zarzuelas insignes cubanas mencionadas anteriormente. Proyecto que ha sido presentado a la Casa Discográfica Colibrí, destacada por su labor incansable de rescate de nuestra cultura musical.
Por otra parte,es de suma importancia resaltar que desde el inicio de la nueva dirección del TLNC, Eduardo Díaz personalmente se dio a la ardua tarea de buscar a un musicólogo de extrema necesidad para la institución, tanto en aspectos organizativos como técnico- musicales, plaza con la que aún no se cuenta, pero que mediante vías alternativas se ha logrado insertar. A este papel se le agrega la titánica labor de reorganizar, clasificar y simplemente intentar conservar una inmensa cantidad de partituras y documentos históricos que atesora el Archivo del Teatro Lírico Nacional de Cuba, del cual el propio Director Titular de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba, el Maestro Enrique Pérez Mesa, ha declarado que cuenta “con una cantidad de partituras imprescindible y de incalculable valor patrimonial”.
Desde la mudanza de la sede del antiguo “Centro Pro Arte Lírico”, radicado en calle 11 entre K y L, hacia el actual asiento del TLNC haca aproximadamente una década, el Archivo Musical[2] de la institución estuvo estancado, en condiciones ínfimas de conservación y sin procesamiento especializado ni computarizado como demandan los elementos que lo integran, precisamente debido a que no existía un personal cualificado para ello. No obstante,las dos personas de la tercera edad que han ocupado ese puesto en el decursar de los años, indiscutiblemente hicieron todo lo que estuvo en sus posibilidades por cuidar y guardar con celo el “pequeño gran tesoro” que posee. 
Nuestro archivo, además de reunir dichas características, presta servicios cotidianos a los artistas que integran la compañía, lo que explica que actualmente los músicos  interpreten las óperas y zarzuelas con particellas del siglo XIX (la más antigua encontrada hasta ahora data de 1886), y que los cantantes y pianistas en ocasiones tengan que recurrir a manuscritos para poder montar una obra.
En este sentido, es necesario mencionar que gracias a la gestión y movilización de la directiva y el personal vinculado de una u otra forma al Archivo Musical, este ha pasado de una situación lamentable a tener casi óptimas condiciones de almacenamiento, dígase la incorporación de aires acondicionados para una mejor conservación, reorganización completa bajo un criterio acertado, digitalización (todavía parcial) de la totalidad de la música y una sistematización en el trabajo, antes ni siquiera planteada. Todos estos procesos, apoyados directamente por el Director General de la compañía.
Sin embargo, la historia de esta joya en bruto, no termina aquí. En aras de colaborar, hemos tenido reuniones, discusiones e imprescindibles consejos por parte de Miriam Escuderoy su equipo del Gabinete Esteban Salas(perteneciente a la Oficina del Historiador); nuestro centro ha sido visitado por personal de la Biblioteca Nacional José Martí, especializado en el tema; hemos contado con la muy apreciada colaboración de especialistasdel Museo Nacional de la Música; y como colofón, luego de esta incansable labor de gestión, hemos conseguido insertar el Archivo Musical del TLNC como una pieza en el rompecabezas de la salvaguardia patrimonial de Cuba, para lo cual contamos con el apoyo del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural (CNPC) del Ministerio de Cultura, entre otras instituciones y personas que promueven y apoyan los objetivos y el trabajo del Teatro Lírico Cubano.
Lena Duchesne
Madrid, 29 de septiembre 2013






[1] Se resalta el hecho de que existan solo en audio ya que este género no es solamente musical, sino que conlleva gran carga escénica; entiéndase que no es suficiente, sino necesario que “exista” una grabación audiovisual de estas zarzuelas.
[2] No solo contiene partituras y documentos musicales, sino escritos, reflexiones y toda una historia contada por la música.

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