“Apuntes en torno al quehacer del
Teatro Lírico Nacional de Cuba luego de 50 aniversario. Una nueva etapa”. Por
Lena Rodríguez Duchesne
El teatro lirico nacional de Cuba el
pasado 2012 celebró el año 50 de su fundación como organismo líder del arte
lirico cubano. Su historia, al igual que la de casi todas las instituciones del
país, ha pasado por grandes momentos de gloria y algunos otros de actividad
casi imperceptible. Es por ello que, tras más de un cincuentenario de su
creación, una mirada hacia su evolución (no siempre en sentido ascendente) se
torna motivo de debate tanto para los que han seguido de cerca su decursar como
para los que aún siguen descubriéndolo.
Todo cambio, y por tanto toda
renovación o transformación, lleva implícito un alto grado de cuestionamiento
por parte del propio personal que integra el centro, así como de un amplio
circuito cultural y específicamente musical en nuestro país.
Hace aproximadamente un año, la
dirección del TLNC se puso en manos del joven director de orquesta Eduardo Díaz
Rodríguez, quien llevaba algunos años trabajando como Director de Orquesta del
centro. De este hecho puntual deriva la gran pregunta: ¿cuáles son los efectos que
ha traído consigo este cambio de dirección? ¿Y en qué medida estos han sido
positivos o negativos? Como han dicho tantos pensadores en distintas épocas “la
verdad es relativa y no la tiene nadie” de ahí que a los mortales nos toque la
difícil tarea de no emitir juicios ligeros y valorar, en cambio, desde nuestra
perspectiva -cualquiera que sea-el trabajo realizado y los resultados
alcanzados tratando de ser lo más justos y realistas posible.
¿Desaciertos? ¿Equivocaciones? Seguro
que las hay, tanto los directivos como todo el personal que hemos integrado la
compañía (artística y no artística) los hemos tenido simplemente por nuestra
condición de seres humanos. Aun así, el sentido de este escrito consiste en
resaltar algunos aspectos conocidos por muchos y sacar a la luz otros todavía
en proceso o que no han sido hasta hoy de dominio general.
Una compañía que cuenta con muy
escasos recursos y donde la palabra “conseguir” se hace presente para cada una
de las puestas en escena, que logre realizar la cantidad de funciones llevadas
a cabo por el TLNC demuestra el alto nivel de personal ejecutivo y
organizativo, amén de la labor artística, y ratifica una vez más la gran
capacidad de trabajo, por lo cual merece un gran respeto.
Desde el punto de vista netamente
artístico, destaca el hecho de que para la clausura del Festival de Teatro de
La Habana (noviembre del 2013) se haya seleccionado la compañía del TLNC, ya
que constituye una revitalización de este tipo de actividades conjuntas, pues
no es la primera vez que sucede, pero la inserción del género lírico en estos
escenarios poco experimentados no ha sido hasta hoy, una
actividad frecuente.
Precisamente con el objetivo de
mantener vivo este arte y tener al alcance los medios para lograrlo, se está
formulando un proyecto de “Óperas de cámara”,el cual está avalado por sí solo
con la incorporación al equipo de realización del TLNC de importantes
directores de teatro que se han unido a esta apasionante idea de fusionar
tantas artes juntas. Estamos hablando de directores/as como Antonia Fernández,
Eduardo Eimil y nuestro más reciente Premio Nacional de Teatro (2013), de cuya
presencia en la compañía nos sentimos orgullosos: Juan Rodolfo Amán.
Conocida por casi todos los cubanos
aunque no tengan que ver directamente con el arte lírico, por una cuestión de
mera identidad, resulta “Cecilia Valdés”, Zarzuela compuesta por Gonzalo Roig, basada
en la obra literaria de Cirilo Villaverde a la que se añaden para formar la
trilogía de zarzuelas cubanas más relevantes “María la O”, de Ernesto Lecuona y
“Amalia Batista”, de Rodrigo Prats. Mencionar, por increíble que parezca para
muchos, que las grabaciones (solamente en audio[1])
que existen de estas obras maestras representativas de la cultura cubana datan
de 1990 e incluso anteriores a la fecha.
Este hecho, difícil de imaginar hoy en
día, no ha pasado inadvertido para el equipo de trabajo del TLNC, pues dentro
de las cuestiones que hasta ahora no han sido de dominio público (pero que
están en proceso y existe gran parte del personal enfocado hacia este punto),
se encuentra la grabación audiovisual de las tres zarzuelas insignes cubanas
mencionadas anteriormente. Proyecto que ha sido presentado a la Casa
Discográfica Colibrí, destacada por su labor incansable de rescate de nuestra
cultura musical.
Por otra parte,es de suma importancia
resaltar que desde el inicio de la nueva dirección del TLNC, Eduardo Díaz
personalmente se dio a la ardua tarea de buscar a un musicólogo de extrema
necesidad para la institución, tanto en aspectos organizativos como técnico-
musicales, plaza con la que aún no se cuenta, pero que mediante vías
alternativas se ha logrado insertar. A este papel se le agrega la titánica
labor de reorganizar, clasificar y simplemente intentar conservar una inmensa
cantidad de partituras y documentos históricos que atesora el Archivo del
Teatro Lírico Nacional de Cuba, del cual el propio Director Titular de la
Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba, el Maestro Enrique Pérez Mesa, ha
declarado que cuenta “con una cantidad de partituras imprescindible y de
incalculable valor patrimonial”.
Desde la mudanza de la sede del
antiguo “Centro Pro Arte Lírico”, radicado en calle 11 entre K y L, hacia el
actual asiento del TLNC haca aproximadamente una década, el Archivo Musical[2]
de la institución estuvo estancado, en condiciones ínfimas de conservación y
sin procesamiento especializado ni computarizado como demandan los elementos
que lo integran, precisamente debido a que no existía un personal cualificado
para ello. No obstante,las dos personas de la tercera edad que han ocupado ese
puesto en el decursar de los años, indiscutiblemente hicieron todo lo que estuvo
en sus posibilidades por cuidar y guardar con celo el “pequeño gran tesoro” que
posee.
Nuestro archivo, además de reunir
dichas características, presta servicios cotidianos a los artistas que integran
la compañía, lo que explica que actualmente los músicos interpreten las óperas y zarzuelas con particellas del siglo XIX (la más
antigua encontrada hasta ahora data de 1886), y que los cantantes y pianistas en
ocasiones tengan que recurrir a manuscritos para poder montar una obra.
En este sentido, es necesario
mencionar que gracias a la gestión y movilización de la directiva y el personal
vinculado de una u otra forma al Archivo Musical, este ha pasado de una
situación lamentable a tener casi óptimas condiciones de almacenamiento, dígase
la incorporación de aires acondicionados para una mejor conservación,
reorganización completa bajo un criterio acertado, digitalización (todavía
parcial) de la totalidad de la música y una sistematización en el trabajo,
antes ni siquiera planteada. Todos estos procesos, apoyados directamente por el
Director General de la compañía.
Sin embargo, la historia de esta joya
en bruto, no termina aquí. En aras de colaborar, hemos tenido reuniones,
discusiones e imprescindibles consejos por parte de Miriam Escuderoy su equipo
del Gabinete Esteban Salas(perteneciente a la Oficina del Historiador); nuestro
centro ha sido visitado por personal de la Biblioteca Nacional José Martí,
especializado en el tema; hemos contado con la muy apreciada colaboración de especialistasdel
Museo Nacional de la Música; y como colofón, luego de esta incansable labor de
gestión, hemos conseguido insertar el Archivo Musical del TLNC como una pieza
en el rompecabezas de la salvaguardia patrimonial de Cuba, para lo cual
contamos con el apoyo del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural (CNPC) del
Ministerio de Cultura, entre otras instituciones y personas que promueven y
apoyan los objetivos y el trabajo del Teatro Lírico Cubano.
Lena Duchesne
Madrid, 29 de septiembre 2013
[1]
Se resalta el hecho de que existan solo en audio ya que este género no es
solamente musical, sino que conlleva gran carga escénica; entiéndase que no es
suficiente, sino necesario que “exista” una grabación audiovisual de estas zarzuelas.
[2]
No solo contiene partituras y documentos musicales, sino escritos, reflexiones
y toda una historia contada por la música.
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